¿Dónde?

Hoy quiero compartir con ustedes una historia graciosa que me sucedió, aunque en aquel preciso momento, más que risa, me ocasionara molestia y frustración.

Todo comenzó el día que intenté salir de mi zona de confort y participar por fin en algún concurso, por lo que la propuesta anual de cubadebate me pareció perfecta para romper de una vez mi burbuja literaria. Pero, ¿cuál no sería mi sorpresa al descubrir que mis ideas se “freezan” (del inglés FREEZE: CONGELAR) cuando le pongo límites a mi creatividad? Límites como un plazo de entrega, o que debía tener una extensión máxima de 500 caracteres. Alguien dijo una vez que lo bueno, si breve, dos veces bueno; pero para mí 500 caracteres no son nada, si no me alcanzan nunca los 160 de los sms…

En fin ;P

Primero pensé hacer un microrrelato, pero aún estoy en proceso de perfeccionamiento con ellos pues, aunque me gustan, me cuesta que sean lo suficientemente cortos. Después me dije: ¡un poema!; pero se me ocurrían demasiadas estrofas o finales muy truncados. Luego pensé hacer una especie de reflexión súper resumida, pero no me venía a la cabeza ningún tema inteligente, así que simplemente empecé a escribir y a escribir y a escribir. Sí, así, a lo loco. Escritura automática la llaman los expertos. Pero tampoco dio resultados, porque si bien a la larga acumulé montones de ideas, ninguna de ellas lograba materializarse del modo en que yo quería. Fue entonces que me dije a mí misma: “Vaya escritora de pacotilla estás hecha. Sólo te tienen que contar las letras y ponerte una fecha límite para que te resquebrajes de esta manera”. Me sentía con deseos de gritar, de llorar, de abofetear a alguien… Y al final toda esa rabia salió de mí convertida en un hiriente poema que dejé, como desahogo, entre los comentarios del bendito concurso.

Debo, antes de que lo lean, pedir perdón a todas aquellas personas que se puedan sentir ofendidas y/o decepcionadas por mis palabras, pero hasta las chicas más románticas y dulces –como yo– tenemos a veces nuestros arranques de cólera. Ah, y se los pongo tal cual, sin censura, que no los quiero engañar nublando ciertas obscenidades que, en ese día, me supieron a miel.

¡¡¡ Que lo disfruten???

 

¿Dónde?

¿Dónde están las putas letras cuando se les necesita?

¿Dónde están esas ingratas que no quieren ayudar?

¿Dónde están? ¡Maldita sea! Formen una palabrita,

los finales, los comienzos o lo que quieran crear.

¿Dónde están esas jodidas de las que depende todo?

¿Dónde están, cabrona suerte, que no puedo componer?

¿Dónde están? ¡Quiero morirme! Juro que no encuentro el modo

de hallarle la coherencia a mis ideas y vencer.

Es una guerra imposible entre las letras y yo.

¿Acaso triunfará una? ¿O ganaremos las dos?

Pd: Lo más asombroso de todo –que ya no sé si eso significa bueno o malo– es que el poema tiene 499 caracteres. Pero con semejante lírica ¿quién puede pensar en ganar concurso alguno???

Por cierto, amigos, el próximo 21 de abril nuestro blog celebrará su segundo aniversario. No estaré aquí para festejarlo probablemente, pero espero sus comentarios, pues es gracias a ustedes que seguimos creciendo. Muchas gracias y hasta siempre!!!

Acerca de Sakuramor

“¿Has amado alguna vez a alguien hasta sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto de que estar con él es más que suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante? Yo sí…”

2 Replies to “¿Dónde?”

    • Jajaja, es increíble cómo la rabia nos puede inspirar a veces, verdad? Pero, incluso si se aparta de lo que normalente solemos concebir, creo que sería una injusticia negarle la vida. Todos tenemos un lado malo al final. ¿Por qué negárnoslo a nosotros mismos?

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