Sin comentarios

– ¿Puedes escucharme? –preguntó nerviosa, sujetando su mano derecha, la cual manifestaba una frialdad mortal. Se aguantó las lágrimas y volvió a preguntar–. Andie, ¿puedes oírme? –pero el rítmico sonido del cuentagotas fue su única respuesta…

Esta es la historia de Andie, una chica aparentemente normal, con ojos rasgados y cabello muy negro y lacio, sin atributos físicos exuberantes; pero con un hermoso y peculiar don que hace feliz a todo el que la conoce.

Hace aproximadamente dos años descubrió por accidente un sitio en la web que aseguraba convertir los sueños en realidad y se adentró entonces, ansiosa, en su contenido, ensanchando cada vez más su sonrisa a cada página que cliqueaba, pues atesoraba numerosos anhelos por cumplir y acababa de encontrar el camino para materializarlos. Lo que jamás imaginó es que sería justamente ella quien ayudaría a dar vida a los de los demás.

Mientras más horas pasaba frente al ordenador, mayor número de caritas felices aparecían en su pantalla. Acudían a ella personas provenientes de todas partes del mundo pues, con solo teclear un par de líneas, era capaz de solucionar hasta el más terrible de los problemas. Andie se convirtió en el refugio de los desamparados, los solitarios y los necesitados de afecto, pues podían encontrar en sus historias consuelo a su sufrimiento y una salida al abismo de soledad en el que habían caído.

Diariamente llegaban hasta su buzón, a modo de agradecimiento, paquetes y paquetes de comentarios de diferentes sabores y exóticos rellenos, los cuales acomodaba con ternura en su nevera para tomarlos como refrigerio de cuando en cuando; pero, en poco tiempo, se convirtieron en su único sustento, de manera que se absorbió completamente en su labor de hacer feliz a los demás, olvidándose incluso de su propia felicidad.

Sin embargo, por alguna extraña razón, los comentarios dejaron de aparecer. En un inicio pensó que se extraviaban durante el envío, por lo que racionó los que aún conservaba en su refrigerador, de manera que le alcanzaran hasta que volviera a recibir algún surtido; pero los días pasaban y el cartero ni siquiera asomaba por aquellos lares.

Andie se preocupó.

« ¿Qué estoy haciendo mal?» –se preguntó, pues incluso su mejor amiga Rebecca había dejado de enviarle su alimento preferido, o mejor dicho, su único alimento. Algo tendría que haberle sucedido a todos, pero no era momento para preocuparse de su escasez, aún tenía muchas caritas felices por conquistar.

Y fue así, sin darse cuenta, como comenzó perder peso de manera descontrolada, a tal punto que sus marcadas ojeras casi opacaban su triste sonrisa. Su cabello se volvió rebelde y sin brillo, e incluso le constaba respirar. En menos de tres meses se agotó su reserva de comentarios y el esfuerzo de trabajar con el estómago vacío la hizo terminar en el hospital, completamente entubada y debatiéndose entre la vida y la muerte.

– ¿Puedes escucharme? –preguntó nerviosa, sujetando su mano derecha, la cual manifestaba una frialdad mortal. Se aguantó las lágrimas y volvió a preguntar–. Andie, ¿puedes oírme? –pero el rítmico sonido del cuentagotas fue su única respuesta.

Rebecca se arrodilló, sin soltar la mano de su amiga, y rompió a llorar.

Lo hacía de una forma tan lastimera que estrujaría por completo el corazón de quien la oyera en aquel momento; sin embargo, poco le preocupaba lo que pudieran pensar o sentir los demás. Ella estaba completamente destrozada y tenía derecho a liberarse.

– Ya de nada vale –dijo con voz apagada, poniendo un paquetico sobre la cama–, pero te he traído tu cena favorita. Es un estuche de comentarios recién salidos del horno. Sé que llevas mucho tiempo sin ver o probar alguno y es muy probable que sea por eso que estés aquí. La doctora me dijo que será difícil tratar esa anemia de afecto que llevas arrastrando durante tantos meses, pero estoy contigo, esta vez no te voy a fallar. –Estalló una vez más en sollozos y, después de sorberse la nariz, continuó–. Andie, por favor, abre los ojos y di que me perdonas–acercó uno de los comentarios a su nariz, con intenciones de reanimarla con su dulce olor, pero fue inútil–. No quiero siquiera pensar en que dejes de existir, menos aun sabiendo que es por mi culpa y de tantos otros desagradecidos, pero en especial por mí, por no haber sido capaz de mantener mi promesa y permanecer a tu lado cuando veía a todos abandonarte. No obstante, si me dieras otra oportunidad te aseguro que… –se interrumpió al escuchar que el armónico tic tac de sus latidos en la máquina se transformaba en un pitido sordo e ininterrumpido que había presenciado sólo en películas.

Tocó enseguida el botón de emergencias, situado junto a la cama de Andie y comenzó a dar a atropelladas voces, clamando por la asistencia de algún médico. El color de su amiga se fue diluyendo poco a poco y, al percatarse Rebecca de que estaba a punto de desvanecerse por completo, entró en pánico. Buscó a toda prisa entre sus pinceles y sacó el más grueso que encontró. Sus témperas de alegría y larga vida estaban prácticamente agotadas, pero consiguió hacer una mezcla rápida en su paleta, mezclándolas con una de sus lágrimas. La frotaba con ahínco en el pecho de Andie una y otra vez, justo encima del corazón, hasta que logró volverla un poco más nítida, y aunque los colores no regresaron por completo consiguió el tiempo suficiente para que los especialistas tomaran en sus manos el asunto.

La chica salió de la habitación en cuanto los doctores comenzaron a maniobrar, no sin antes tomar prestada la historia clínica que reposaba sobre la mesita de noche. «Depresión crónica» pudo leer en el diagnóstico.

– ¿Crónica? –Se preguntó entre dientes–. ¿Por cuánto tiempo lleva en esta condición que se ha vuelto crónica? –Su rostro reflejó una profunda aflicción, pues había podido comprobar que era un padecimiento más grave de lo que parecía.

Intentó mantener la calma porque, aunque conocía perfectamente las causas, no podía hacer nada al respecto. O tal vez sí… ¿Cómo no lo había pensado antes? Era la solución perfecta y, sonriendo por primera vez en toda la tarde, salió en su búsqueda…

¿Cómo te gustaría que terminara esta historia, querid@ lector(a)?

Opción A: Rebecca salió en busca de todos los seguidores de Andie y, al encontrarlos, les comunicó la situación de su amiga, por lo que estuvieron dispuestos a visitarla y regalarle un montón de comentarios frescos para restaurar su salud.

Opción B: Rebecca salió en busca de todos los seguidores de Andie y, al encontrarlos, les comunicó la situación de su amiga, pero la indecisión de éstos sólo trajo consigo que apenas llegaran a tiempo para verla lanzar su último aliento de vida.

Opción C: Rebecca salió en busca de todos los seguidores de Andie y, al encontrarlos, les comunicó la situación de su amiga; pero ellos ni siquiera se inmutaron, por lo que la anemia de afecto que causaba la depresión crónica de la chica puso fin a su vida en muy poco tiempo.

En tus manos está la vida de Andie, así que dime… ¿La dejarías morir?

  

Acerca de Sakuramor

“¿Has amado alguna vez a alguien hasta sentir que ya no existes? ¿Hasta el punto en que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto de que estar con él es más que suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante? Yo sí…”

8 Replies to “Sin comentarios”

    • ¿Cómo crees que no voy a publicar esto? Asume tu papel de esposo y déjate amar también jajajaja. Muakkkkkkks
      Te super-hiper-mega-extra-archi-macro-ultra-amo!!!

        • kk, eh??? Ni te atrevas, que sabes lo que pienso al respecto. Y justo por lo que opino en ese sentido, doy por concluida nuestra pequeña y romántica querella.
          Pd: Te amo.

  1. Me gustaría que terminara la historia con la opción A. Entiendo lo que se siente cuando publicas algo con todo el amor del mundo y no te comentan, es doloroso. Recién conozco el blog, pero me gusta. Si quieres visita mi sitio y me dices que te parece. El mismo es nadia98.cubava.cu

    • Bienvenida a nuestro onírico universo en el que nuestros lectores pueden ser los protagonistas de nuestras historias. Visitaré tu blog seguro y no dudes que dejaré algunas letras por allí.
      Gracias por tu comentario.

  2. Simplemente patético….
    Lo peor de todo es que hay cientos y quizá miles de personas que viven de ese modo y muchísimos de ellos se han quitado la vida por tal motivo.
    Si solo supieran que fuera de la Internet y las redes hay una vida…

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