Hoy me levanté temprano para la entrevista de trabajo. Llevo días soñando este momento y nada puede salir mal. He enviado mi currículum a todas partes y al fin alguien se atreve a darme una oportunidad. Debo elegir la ropa correcta, el peinado perfecto, el perfume ideal.
– Respira, Valeria –me digo.
Echo una ojeada al reloj. Estoy en tiempo, pero no puedo recrearme mucho. Me miro al espejo y me emociono. Hacía años que no me arreglaba así, pero hoy me siento motivada, incluso he vuelto a sonreír. Repaso mi labial y lo guardo en la cartera por si lo necesito luego. Apago la luz al salir y me pongo una mano en el pecho, que se agita a ratos al pensar en la entrevista.
Al llegar a la parada del autobús casi me hacen caer. No sabía que el transporte estaba en condiciones tan adversas, volviendo a la gente como loca. Las madres vociferaban por un lugar para sus hijos, incluso los hombres se enfrentaban por un asiento. Yo intentaba mantener la calma, no debía contagiarme con el estrés que los dominaba.
– Respira, Valeria –repetí para mis adentros.
Con esfuerzo logré encontrar un lugar libre y me acomodé el cabello. Al mirar por la ventana me asusté de ver un montón de personas frenéticas que, indignadas por no poder subirse al bus, se lastimaban unas a otras, tanto física como verbalmente. Cerré los ojos espantada y puse audífonos en mis oídos para intentar enajenarme del mundo.
Las líricas de Arjona no me apartaron mucho de la realidad, más bien condimentaron la cruda era en la que vivimos. Y entonces comenzó el recorrido.
En cada parada se retomaba la guerra que hacía tregua tras el arranque. Los que se apeaban no se tomaban siquiera el trabajo de pedir permiso a los demás para bajarse, sino que los guiaba la ley del atropello y del poco me importa si te he hecho daño. Pude percatarme de una señora que sangraba no muy lejos de mí. Al parecer se había dado un mal golpe en el forcejeo, aunque afortunadamente no parecía nada grave, más bien un rasguño en el brazo. Bajé la mirada y observé mi blusa, inmaculadamente blanca, sin un solo elemento en contraposición al conjunto. Pensé en el dolor de la señora, y en cederle el asiento; pero una punzada en la cadera me impidió levantarme.
«Ya me aliviaré» –confié, y vi la señora sentarse en un lugar que había quedado libre en la parada siguiente. Suspiré aliviada y volví a ensimismarme.
Al poco rato me llamó la atención el alboroto que se había originado a mi alrededor. Una señora reclamaba a gritos un asiento y nadie le cedía lugar. Al parecer llevaba rato insistiendo, pues se veía sudorosa y con los cachetes hinchados, hasta que comprendí que, entre todas las cosas que manifestaba con sus elevados decibeles, me señalaba como una joven inconsciente, incapaz de ceder su puesto a una persona mayor.
– Respira, Valeria –me dije por tercera vez aquella mañana.
Me dolía tanto escuchar aquellas palabras. Miré mi reloj y vi que solo quedaban 15 minutos para mi cita de trabajo, faltándome aún tres paradas. Entonces la mujer enloqueció.
– Incluso me ignora, tan fresca… ¡¡¡Habrase visto!!! –Se rascó la cabeza con enojo–. La juventud está perdida –afirmó, opinión que fue secundada por los demás.
Un torbellino de lágrimas acudió inevitablemente a mis ojos. Tragué saliva con dificultad y, aprovechando que el ómnibus se había detenido, me dirigí a la señora.
– Siéntese, por favor –dije, poniéndome en pie–. Tenga buen viaje.
– Eso tenías que haber hecho desde hace mucho –replicó son saña–. ¿No te da pena?
Un nudo en mi garganta me impidió contestar. Me acerqué lentamente a la puerta, soportando el insistente dolor de mi cadera y, tras acomodar mi pierna ortopédica por encima del pantalón, descendí del bus.




exelent historia, muestra d una forma cruda alguno d los aspectos d viajar en guagua, casi parece un cuento d terror
Ah, pues de sobra motivos tenemos para inspirarnos en cuentos como ese, pero el otro día una historia semejante me tocó de cerca. Nada, que decidí plasmarla en el blog y poner a reflexionar un poco. Me alegra que te haya gustado.
pues si, creo q todos tenemos mas d una historia q contar respecto al guagua, la verdad me gustaria ver mas historias asi.
Pues vamos a ver qué se me ocurre, y si quieres puedes colaborar con algo tuyo también, o de algún amigo, o bueno, la invitación la hago para todos los lectores. Me encantaría que todo aquel que desee compartir con nosotros sus historias, lo haga. Este es el espacio ideal, no busquen más.
Jajaja, qué campaña de MKT estoy haciendo, tengo que pensar el eslogan jajaja.
Pues nada, Yang, ahora sí en serio, hay varios temas interesantes, pero requieren un trato delicado. Vamos a ver qué va surgiendo.
jajajaja dejame ver q se ocurre para mandart; normalment me gusta escribir d esos temas q como tu dices requieren un trato delicado, pero tengo una idea d algo un poco diferent, dejame ver como lo desarrollo; solo una cosita a donde t lo mando??????
Mi correo es sakuramor94@gmail.com. Si quieres y puedes, escríbeme ahí, si no ya nos pondremos de acuerdo. Me alegra que te unas al elenco de El Cuentacuentos. Bienvenido.
gracias por el recibimiento my friend, en cuanto tenga un tiempo para terminarlo t lo mando. Mi correo ya lo sabes puedes escribirme hay cuando quieras 😉
yo tengo un cuento `por teclear que también toca la cruda realidad de algunas personas. Muy bueno, sakurita, congrats..
Pues muchas gracias, de verdad. Espero poder leer pronto tu historia.